martes, 5 de agosto de 2008

La libertad y la responsabilidad

Por: Clavel del mar

“Solo la Verdad los hará libres” (Jn. 8,32)
La libertad no es la posibilidad de que la persona humana haga lo que le venga en gana con su vida, no implica el “pretendido derecho” de decir o hacer cualquier cosa, porque eso sería desconocer su propia naturaleza, que requiere un orden que le permita llegar a la felicidad, concebir a un sujeto autosuficiente que busca la satisfacción de su interés propio que es ajeno a la voluntad de Dios, nuestro creador, quien nos dio la libertad.
Tampoco es sinónimo de espontaneidad, aunque sí la tenga, porque en este caso serían libres los animales que actúan espontáneamente.
La libertad es el poder, radicado en la razón y en la voluntad, de ejecutar o no por sí mismo acciones deliberadas.
La libertad implica la posibilidad de elegir entre el bien y el mal, y por tanto, de crecer en la perfección (ordenada a Dios) o de flaquear y pecar (ofender a Dios).
En la medida que la persona humana haga más el bien, se va haciendo más libre, puesto que si elige la desobediencia y el mal, abusa de su libertad y se hace esclavo del pecado. Por ejemplo si un joven escoge iniciarse en las drogas (elección libre) en el fondo está usando mal su libertad (abusando de ella) y poco a poco se hará esclavo de este vicio (no es libre). “Pues uno es esclavo de lo que lo domina” ( 2 Pe. 2, 19b)
La libertad humana es finita y falible, es decir que la persona humana no es absolutamente libre, porque no puede cambiar ni su propia naturaleza ni su fin en la vida, que le es dado por Dios; y sus elecciones están sujetas a fallar.
La libertad implica responsabilidad de nuestros actos en la medida que son voluntarios. El dominio de la voluntad sobre los propios actos se logra mediante el progreso en la virtud (realizando actos virtuosos), el crecimiento del bien y la ascesis (disciplina).
Todo acto directamente querido es imputable o atribuible a su autor, el que lo realiza el responsable por sus actos, por ejemplo planificar y ejecutar un robo, la infidelidad al cónyuge, etc.
La imputabilidad y la responsabilidad de una acción pueden quedar disminuidas o suprimidas por ignorancia, inadvertencia, violencia, temor, hábitos, afectos desordenados y otros factores psíquicos o sociales.
El efecto malo no es atribuible si no ha sido querido ni como fin ni como medio de la acción, por ejemplo la muerte de una persona que estaba grave (efecto malo) cuando la auxiliamos (no quisimos que fallezca).
Sí es atribuible cuando es previsible y existe la posibilidad de evitarlo, por ejemplo en el caso de un homicidio (efecto malo) cometido por un conductor en estado de embriaguez (pudo evitarlo si no hubiera bebido)
La libertad se ejercita en las relaciones entre personas. Toda persona humana, creada a imagen de Dios, tiene el derecho natural de ser reconocida como un ser libre y responsable.
“Para ser libres, nos libertó Cristo” (Gál. 5, 1a)

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