miércoles, 25 de noviembre de 2020
lunes, 23 de noviembre de 2020
sábado, 11 de abril de 2020
sábado, 28 de marzo de 2020
martes, 23 de junio de 2015
sábado, 4 de junio de 2011
SANTOS PADRES APOSTOLICOS: San Ignacio de Antioquía

Mártir, devorado por las fieras
Nación en Antioquía entre los años 30-36
Ignacio significa lleno de fuego, llamado Teóforo.
Discípulo de Pablo y Juan
Segundo obispo de Antioquía
Sus escritos demuestran la catolicidad de la doctrina.
Características: Claridad y profundidad de pensamiento teológico y humildad.
Cristo humano y divino(pasible-impasible)
Contra dos herejías: judaizantes(niegan la Encarnación, dicen que Jesús es sólo humano)y los docetistas (negaban la humanidad de Cristo)
Eucaristía la carne de Cristo, don de Dios, Jesús pan de Dios
Domingo día del Señor.
“Carta a los Efesios”:
*Caminar de acuerdo con el pensamiento de su obispo
*Si alguno no está al interior del santuario se priva del pan de Dios.
*Hay un solo médico , carnal y espiritual, engendrado, no creado
*No se dejen engañar
*Orar sin cesar
NOVENO MANDAMIENTO (I PARTE)
Por María del Rocío Soto Narváez
“El que mira a una mujer deseándola, ya cometió adulterio con ella en su corazón” (Mt. 5, 28)
El noveno mandamiento prohíbe la concupiscencia de la carne.
Etimológicamente concupiscencia se refiere a toda forma vehemente de deseo humano. La teología cristiana lo define como un movimiento del apetito sensible que contraría la obra de la razón humana. San Pablo la identifica con la lucha que la “carne” sostiene contra el “espíritu”(Gál 5, 16-26)
La concupiscencia procede de la desobediencia del primer pecado, desordena las facultades morales del hombre y le inclina a cometer pecados.
La concupiscencia de la carne está referida al amor desordenado de los placeres de los sentidos. Gustar del placer con moderación y ordenándole a su fin propio, que es el bien moral y sobrenatural, no es un mal. Pero si deseamos el placer independientemente de su propio fin, si lo buscamos como fin y no como medio, se convierte en un mal.
La purificación del corazón:
La lucha contra la concupiscencia de la carne pasa por la purificación del corazón.
La sexta bienaventuranza: “Bienaventurados los limpios de corazón…” designa a aquellas personas que han ajustado su inteligencia y su voluntad a las exigencias de la santidad de Dios, principalmente en tres aspectos:
-la caridad
-la castidad o rectitud sexual
-el amor de la verdad y la ortodoxia de la fe (doctrina).
Los limpios de corazón tienen una gran rectitud interior, libre de mentiras y dobles intenciones , de prejuicios y condicionamientos y, por tanto, están dispuestos a cumplir en todo la voluntad divina.
El cardenal Ratzinger nos decía “El corazón limpio es el corazón abierto y humilde. El corazón impuro es, por el contrario, el corazón presuntuoso y cerrado, completamente lleno de sí mismo, incapaz de dar un lugar a la majestad de la Verdad, Que pide respeto y, al fin, adoración”
“…porque ellos verán a Dios” , es decir ver según Dios, recibir al otro como un prójimo, considerar el cuerpo humano propio y ajeno como un templo del Espíritu Santo, una manifestación de la belleza divina.
“La pureza de corazón – decía el Papa Juan pablo II el 6 de julio del 2003 luego de la celebración del centenario de la muerte de Santa María Goretti, mártir de la pureza- como toda virtud, exige un entrenamiento diario de la voluntad y una constante disciplina interior. Requiere, ante todo, invocar asiduamente a Dios en la oración”
“El que mira a una mujer deseándola, ya cometió adulterio con ella en su corazón” (Mt. 5, 28)
El noveno mandamiento prohíbe la concupiscencia de la carne.
Etimológicamente concupiscencia se refiere a toda forma vehemente de deseo humano. La teología cristiana lo define como un movimiento del apetito sensible que contraría la obra de la razón humana. San Pablo la identifica con la lucha que la “carne” sostiene contra el “espíritu”(Gál 5, 16-26)
La concupiscencia procede de la desobediencia del primer pecado, desordena las facultades morales del hombre y le inclina a cometer pecados.
La concupiscencia de la carne está referida al amor desordenado de los placeres de los sentidos. Gustar del placer con moderación y ordenándole a su fin propio, que es el bien moral y sobrenatural, no es un mal. Pero si deseamos el placer independientemente de su propio fin, si lo buscamos como fin y no como medio, se convierte en un mal.
La purificación del corazón:
La lucha contra la concupiscencia de la carne pasa por la purificación del corazón.
La sexta bienaventuranza: “Bienaventurados los limpios de corazón…” designa a aquellas personas que han ajustado su inteligencia y su voluntad a las exigencias de la santidad de Dios, principalmente en tres aspectos:
-la caridad
-la castidad o rectitud sexual
-el amor de la verdad y la ortodoxia de la fe (doctrina).
Los limpios de corazón tienen una gran rectitud interior, libre de mentiras y dobles intenciones , de prejuicios y condicionamientos y, por tanto, están dispuestos a cumplir en todo la voluntad divina.
El cardenal Ratzinger nos decía “El corazón limpio es el corazón abierto y humilde. El corazón impuro es, por el contrario, el corazón presuntuoso y cerrado, completamente lleno de sí mismo, incapaz de dar un lugar a la majestad de la Verdad, Que pide respeto y, al fin, adoración”
“…porque ellos verán a Dios” , es decir ver según Dios, recibir al otro como un prójimo, considerar el cuerpo humano propio y ajeno como un templo del Espíritu Santo, una manifestación de la belleza divina.
“La pureza de corazón – decía el Papa Juan pablo II el 6 de julio del 2003 luego de la celebración del centenario de la muerte de Santa María Goretti, mártir de la pureza- como toda virtud, exige un entrenamiento diario de la voluntad y una constante disciplina interior. Requiere, ante todo, invocar asiduamente a Dios en la oración”
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