lunes, 4 de agosto de 2008

EDITORIAL

UN HONOR QUE VIENE DE LO ALTO


“VAYAN USTEDES TAMBIÉN A TRABAJAR EN MI VIÑA”
(Mt. 20 )

Trabajar en la viña de Dios Omnipotente, Señor de señores es realmente una dignidad, un honor que no tiene valor terrenal.

Se conmueven las fibras más íntimas del corazón ante estas divinas palabras de Jesús, “el Único que conoce al Padre” como dice Él mismo. Es sumamente importante “rumiar” este versículo: “El que los recibe a ustedes me recibe a Mí, el que me recibe, recibe al que me envió: al Padre” (Mt. 10,40; Lc. 10, 16; Jn. 13, 20)

¡Qué honor recibir al Padre, qué dignidad ser su edecán!, llevar su mensaje, su saludo, sus regalos es para desmayarse de la emoción y lo más sorprendente: Él nos busca, nos invita, nos equipa, nos ilumina para tal comisión.

Hermano lector haga un alto, un momento de silencio, deténgase, lea una y otra vez estos textos bíblicos y deje que la Fuerza de la Palabra penetre en su intimidad, quédese un buen rato dejándose envolver, interpelar, impulsar,… deje que “ocurra” lo que quiera hacer Dios en usted, luego decídase a responder al Dios Altísimo que le invita por Jesús el misionero del Padre a que su nombre esté escrito en el Libro de la Vida (Lc. 10,20)

Alégrese de estar seguro de que usted es motivo de alegría de Jesús que hasta se estremece agradeciendo al Padre por usted que tiene corazón de pobre, capaz de conocer lo que el Padre oculta a los sabios y prudentes y lo descubre a los sencillos (Lc. 10, 22) los que saben decir sí a esta invitación de trabajar en la mies del Señor.
¡Felicitaciones por su decisión generosa que nace del amor puro al Señor, un amor sin interés como se lo tiene a usted!

LA DIRECTORA Edelmira Rojas Gadea

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