POR: MARÍA DEL ROCIO SOTO NARVAEZ
El respeto de la persona y la investigación científica:
La ciencia y la técnica son recursos preciosos cuando son puestos al servicio del hombre y promueven su desarrollo integral en beneficio de todos; sin embargo por sí solos no pueden indicar el sentido de la existencia y del progreso humano.
Estas requieren el respeto incondicionado de los criterios fundamentales de la moralidad, deben estar al SERVICIO de la persona humana, de sus derechos inalienables, de su bien verdadero e integral, conforme al DESIGNIO Y LA VOLUNTAD DE DIOS.
La experimentación en el ser humano NO ES MORALMENTE LEGÍTIMA si hace correr riesgos desproporcionados o evitables a la vida o a la integridad física o psíquica del sujeto, tampoco es legítima si además se hace sin el consentimiento consciente del sujeto o de quienes tienen derecho sobre él.
El trasplante de órganos no es moralmente aceptable si el donante o sus representantes no han dado su consentimiento consciente; sí lo es, si los peligros y riesgos físicos o psíquicos causados al donante son proporcionados al bien que se busca en el destinatario de los órganos. NO ES MORALMENTE ACEPTABLE provocar directamente para el ser humano la mutilación que le deja inválido o su muerte, aunque sea para retardar el fallecimiento de otras personas.
LA FECUNDACIÓN IN VITRO Y TRASPLANTE DE EMBRIONES (FIVTE o FIVET) consiste en posibilitar en el laboratorio la unión entre un óvulo y un espermatozoide, dado que ésta por alguna razón, no ha sido posible en el útero de la madre. Luego de 24 o 48 horas el embrión es trasplantado al organismo de la madre para que se desarrolle la gestación y parto. Generalmente con varios óvulos fecundados (ya hay vida), por eso ES MORALMENTE ILÍCITO: ya no se manipulan células sexuales sino niños en formación (embriones) y algunos son “eliminados” (matados) por considerarlos embriones sobrantes, otros pueden ser utilizados en la investigación o experimentación, atentando así contra la dignidad de la vida humana naciente.
El respeto a la integridad corporal:
Son moralmente ilegítimos los secuestros, la toma de rehenes, el terrorismo, la tortura. Exceptuados los casos de prescripciones médicas de orden terapéutico, las amputaciones, mutilaciones o esterilizaciones voluntarias de personas inocentes son contrarias a la ley moral.
El respeto a los muertos:
Se debe ofrecer a los moribundos todas las atenciones (incluyendo oraciones y recepción de sacramentos) para ayudarles a vivir sus últimos momentos en la dignidad y la paz.
Enterrar a los muertos es una obra de misericordia corporal (Tob. 1, 16-17), es así que los cuerpos de los difuntos deben ser tratados con respeto.
La Iglesia permite la incineración cuando con ella no se cuestiona la fe en la resurrección del cuerpo. También es admisible moralmente la autopsia cuando hay razones de tipo legal y de investigación científica, y es legítima moralmente la donación de órganos.
La paz:
“Bienaventurados los que construyen la paz, porque ellos serán llamados hijos de Dios” (Mt. 5,9)
Jesús pide la paz del corazón y denuncia la inmoralidad de la cólera y del odio (Mt. 5, 21-22)
La cólera es un deseo de venganza. Si llega hasta el deseo deliberado de matar al prójimo o herirlo gravemente es pecado grave.
El odio al prójimo es pecado cuando se le desea DELIBERADAMENTE un mal. Es pecado grave cuando se le desea un daño grave.
Evitar la guerra:
Todo ciudadano y gobernante están obligados a empeñarse en evitar las guerras. Sin embargo una vez agotados todos los medios pacíficos, no se puede negar a los gobiernos el derecho a la legítima defensa, la que se podrá ejercer si se dan las 4 condiciones estrictas siguientes:
*Que el daño causado por el agresor a la nación sea duradero, grave y cierto.
*Que todos los demás medios hayan resultados impracticables o ineficaces.
*Que se reúnan las condiciones serias de éxito.
*Que el empleo de armas no entrañe males y desórdenes más graves que el mal que se pretende eliminar.
La Iglesia declara la validez permanente de la ley moral durante los conflictos armados, tratando con humanidad a los no combatientes, a los soldados heridos, a los prisioneros.
Constituye pecado mortal el exterminio de un pueblo, nación o minoría étnica. Tenemos la obligación moral de desobedecer aquellas decisiones que ordenan genocidios.
La carrera de armamentos no asegura la paz, más bien puede ser motivo de guerras
sábado, 18 de julio de 2009
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